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martes, 20 de marzo de 2018

Ponte de Lima, un jardín del patrimonio cultural portugués

Texto: Alberto Traversa – Fotos: Alberto Traversa / Martina Vicente

Cuando planificamos un nuevo itinerario turístico es tan importante el lugar por visitar y descubrir como la cercanía o no de nuestro punto cero del viaje; porque de lo que se trata es de aprovechar cada momento, disfrutar de cada paisaje, de cada nueva experiencia que nos acerque a las gentes, a la historia y a la naturaleza del territorio por explorar. Así fue nuestro largo fin de semana en la vecina villa portuguesa de Ponte de Lima, donde la tradición y la cultura maridan a la perfección con nuevos espacios por conocer, pero siempre desandando un camino que encuentra a estas gentes en la labor permanente de recuperar el riquísimo patrimonio de esta ciudad que aún respira aires de nobleza.
De la mano de Turismo do Porto e Norte, un organismo autónomo que se ha convertido en embajador y promotor de los inmensos recursos turísticos que ofrece el norte de nuestro hermano Portugal, pudimos descubrir las mil y una aventuras que nos propone Ponte de Lima, una localidad que ofrece una cara de relax y gusto al caminar por sus callejuelas, cruzando su viejo puente romano o sorbiendo un gozoso café mañanero mientras nos inventamos historias de caballeros admirando su Torre da Cadeia Velha, que fuera prisión en el siglo XVI y que actualmente es centro inagotable de exposiciones que nos adentran a conocer más de este territorio.
Pero Ponte de Lima no solo es patrimonio cultural. Es como un familiar cercano de Galicia, porque por ella pasan buscando la bienaventuranza los peregrinos que se dirigen a Santiago de Compostela por el Camino Portugués; y también es cruceiros y un sinfín de rincones que nos hablan de la grandiosidad de esta villa en tiempos del Medioevo, cuando era una de las fortalezas principales de defensa del territorio.
Pero además de todos estos paisajes, Ponte de Lima es corazón en la producción de los buenos Vinhos Verdes. Por eso visitamos la bodega Quinta da Fonte, donde se elabora, principalmente, un blanco monovarietal Loureiro, aunque también disponen de unas pocas viñas de Vinhao, de Albariño y de Espadeiro (elaborándose también un vino monovarietal con la primera y un segundo vino que es un coupage de las otras dos variedades). Aquí, el trato a la cepa -todas ellas con medio siglo de existencia- es similar al mimo que ponen en la elaboración de los vinos, que se hacen de forma tradicionalmente artesanal. Bajo estos parámetros elaboran, además, un espumante a base de Loureiro.

La construcción de la casa principal de Quinta da Fonte tiene su origen en el año 1830 y su nombre proviene de las innumerables fuentes (unas pequeñas, otras de mayor tamaño, casi barrocas algunas…) que jalonan los caminos que discurren por la finca, de 10 hectáreas, pero también adornan el exterior e incluso el interior de la propia casona. Pero lo interesante de esta empresa vinícola es su puesta a punto con los tiempos que corren, para lo cual están desarrollando un atractivo programa de enoturismo que permite participar de la vendimia, pisar uva de la forma más ancestral conocida o aprender a cocer el pan en el pequeño obrador de la bodega. Todo esto pensando en los turistas y más que vendrán, porque en la bodega están acondicionando sus casas nobles para reconvertirlas en un hotel de cuatro estrellas con 15 habitaciones más dos apartamentos. Todo prácticamente a punto, excepto la fase de diseño interior y ambientación de los futuros establecimientos que esperan abrir a principios del próximo 2019.
Dejamos la bodega con ese buen sabor del vino catado, que acompañamos de un sabroso Folar Limiano, para visitar Casa do Proveedor, donde el simpático cocinero Daniel Pinheiro nos relata los platos que vamos a degustar: unos Mejillones de entrante, una estupenda Carne miñota asada al horno y un Bacalao acompañado de migas de pan de maíz (broa).

Por la tarde, y a pesar del mal humor del tiempo (pues no paraba de llover), visitamos el Centro de Interpretación del Territorio, un espacio abierto al visitante donde se promociona y se trabaja activamente en la recuperación del patrimonio cultural de Ponte de Lima.
Abierto hace un año, el Centro no solo contiene parte de la historia de esta villa medieval (varias salas ambientadas con viejos telares y algún alambique antiquísimo), sino que también ofrece la experiencia de que el visitante pueda cocer su propio pan. Este breve aprendizaje de panadero se refleja en los cursos de cocción del pan que ofrecen semanalmente. A ellos concurren los pequeños con sus escuelas, una excelente manera de introducir con la práctica los viejos oficios que se desarrollaban en Ponte de Lima. Por cierto, el resultado del amasado, su posterior fermentación de 1 hora, y la cocción en el horno durante 1 hora y a alta temperatura (200 grados), da como resultado un pan crujiente, sabroso y de calidad inmejorable (a pesar de nuestra torpeza como panaderos).

De esta forma tradicional de hacer el pan no está documentado su origen, aunque las gentiles guías del Centro nos informan que seguramente data del siglo XV. ¿Y por qué maíz? -preguntamos-. Porque Ponte de Lima fue, y sigue siendo, un territorio especialmente productivo en el cultivo de este cereal, que era el que en sus orígenes consumían las gentes del pueblo. Al respecto, hay una anécdota real en torno a la elaboración de este pan. A principios del año 1900, las familias ricas y pudientes cocían pan en los hornos y obradores de sus fincas para dárselos a los más pobres de la ciudad.
En breve, en este Centro también impartirán cursos de amasado y elaboración de dulces y bizcochos. Tendremos que volver…
Pero como esta tierra fue también dominio del poderoso dios Baco, tampoco pudimos dejar de visitar el Centro de Interpretación y Promoción del Vinho Verde, uno de los mejores vinos de Portugal.
Allí nos adentramos en la producción y en la vida de estos viticultores portugueses que, aun modernizando todas sus instalaciones, reniegan de hacer el vino de otra manera que no sea artesanal. Nos explican que la pasión y el amor por esta tierra única es casi una nota de cata de estos vinos, hechos con corazón y la sapiencia que aprendieron de épocas del Imperio Romano. La Loureiro y la Vinhao son las castas típicas de la región, cuyas datas documentadas de elaboración de los primeros vinos son del año 1520. En la actualidad, los Vinhos Verdes se exportan a 70 países y aportan cerca de 30 millones de euros. Aquí, en épocas de cosecha, participa todo el mundo, cerrándose el ciclo con la denominada Festa das Vendimas, una celebración tan popular como lúdica y hasta de interés turístico.
Por la noche, a la hora de la cena, tuvimos el placer de degustar otra forma distinta de elaborar el Bacalao. Fue en el restaurante Encanada (casi una institución gastronómica en Ponte de Lima) y damos fe que de este manjar no nos olvidaremos en un largo tiempo.
Al día siguiente aún quedaban cosas por visitar, como los encantadores y magníficos jardines. Un abanico de colores y naturaleza que los pontelimianos se encargan, y muy bien, de cuidar y conservar en perfecto estado. Un paseo por ellos, con el fondo de los puentes romano y medieval -unidos sin solución de continuidad- que dividen en dos esta villa singular, es casi un fotograma de película.
Café de por medio (que no puede faltar en Portugal, donde saben hacerlo cual baristas) y muy próximo a estos jardines de ensueño, se encuentra el Museu do Brinquedo, o lo que es lo mismo, un espectacular museo del juguete que dispone de siete salas, a cada cual más atractiva. Aquí volvimos a ser niños, a jugar con soldaditos de plomo, a hacer carreras con coches descapotados de latón, a disparar a los malos con un rifle de madera o a reconocer maravillosos salones o cocinas en miniatura. Los juguetes más antiguos, realizados en pasta de papel, cartón, madera u hojalata.
Este Museo expone cerca de 3.000 juguetes (y juegos de mesa), todos ellos fabricados manualmente y por empresas familiares (ya desaparecidas). Este espacio es fiel reflejo de la historia del sector, puesto que varios juguetes hechos en plástico marcan el cambio de materiales de fabricación: de la chapa o madera al plástico; una norma establecida por la UE y que Portugal tuvo que hacer suya rigurosamente a partir del año de su ingreso a la Unión Europea, en 1986. Todo por una cuestión de conseguir una mayor seguridad en el material que se utilizaba en la fabricación de los juguetes, pero que provocó el cierre de algunas factorías.
Al respecto de esta industria (repetimos, artesanal) del juguete, Portugal copiaba los modelos de diseño italiano, principalmente, pero los portugueses eran más pequeños y realizados con materiales de menor coste. Aunque esto parezca un contrasentido respecto a la calidad del juguete, a partir de esta modificación, la industria del juguete se mecaniza, se hace competitiva en Europa iniciándose un camino de exportación muy beneficioso, principalmente con destino a Alemania.
Todas estas magníficas piezas se pueden contemplar gracias a la aportación de un único donante, Carlos Anjos, quizá el rey de “Nunca Jamás”.
Pero este Museo también tiene su propio taller de arreglos y conservación de las piezas, un “hospital de juguetes” -nos dice la guía-, que es casi la antesala del último salón por visitar, en el que una espectacular maqueta gigantesca (de 6 por 4 metros y de origen alemán) de trenes eléctricos semeja una ciudad cualquiera de Europa, con su aeropuerto, sus edificios, su estadio de fútbol y hasta los palacios y castillos en las serranías de los bosques cercanos a la ciudad.
Finalizando la visita, nos adentramos en la sala de ‘Embalajes con historia’, otra forma de descubrir el paso del tiempo a través de los materiales y de los propios juegos que se fabricaban.
Nos queda mucho por visitar en Ponte de Lima pero por ahora, y hasta una nueva visita, cerramos este relato con el recorrido por la décima edición de la Feria de Caza, Pesca y Ocio, una cita donde, además de encontrar todo lo que pueda necesitar un aficionado a la cinegética o a la pesca (desde perros hasta cualquier prenda de equipamiento deportivo), se ofrecen productos y alimentos elaborados en la comarca.
Quesos, dulces, pan, licores y un sinfín de embutidos (enchidos) caseros hacen las delicias de cualquier aficionado a los alimentos artesanales. En este espacio pudimos participar de un showcooking de Daniel Pinheiro (quien elaboró un Pichón con vino do Porto, beicon, cebolla, pimienta negra y castañas y setas de la comarca); asistir a una cata de vinos tintos regionales con quesos y chocolates; conocer las nuevas rutas de senderismo y naturaleza por el norte de Portugal y empezar a disfrutar de nuestra próxima visita a Ponte de Lima, que será en septiembre, en ocasión de la celebración más lúdica de la villa, las Feiras Novas, una cita ineludible por la iluminación de sus edificios y puentes, por la “batalla” de concertinas, por los fados, por degustar su plato típico -el Arroz de Sarrabulho-, por los desfiles de sus singulares y enormes Gigantones y Cabezudos (inmensos muñecos humanos), por los vinos, por la amabilidad y simpatía de los portugueses y por la magia del ambiente y la vida nocturna de la villa más antigua de Portugal. Pero ésta es otra historia…

Por último, nuestros agradecimientos más sinceros a Cristina Mendes, de Turismo do Porto e Norte, y a Nuno Brandâo, técnico de turismo de Ponte de Lima.

lunes, 17 de octubre de 2016

Porto e Norte vol. I: Esposende y Gaia

Texto: Martina Vicente / Fotos: Martina Vicente, Porto e Norte y Quinta da Boeira

Dentro de la colaboración que mantienen, a nivel turístico, Galicia y el norte de Portugal, hace unos días se organizó un blogtrip en el que tuve el privilegio de participar como periodista especializada en gastronomía y turismo y que me sirvió (a título personal, si se me permite) para conocer lugares que, aun encontrándose muy cerca de Galicia, no había visitado anteriormente. Todo ello, con la compañía de personal de Turismo do Porto e Norte de Portugal (la entidad que gestiona el turismo en las 86 cámaras municipales de la zona norte del país) y de los diferentes municipios que íbamos visitando, lo que nos ayudó a acercarnos al territorio y conocer sus atractivos de una forma mucho más rica y directa.


No es fácil concentrar en un post toda la información que recibimos en dos jornadas y media de blogtrip con un intenso programa de visitas que difícilmente pudimos completar por lo apretado del horario, así que lo dividiré en dos entregas, en las que dejaré pinceladas de los lugares que fuimos conociendo y de las posibilidades turísticas que esta región tiene. Antes de nada, explicar que Porto e Norte es la región que más ha crecido turísticamente en los últimos años, por encima de la media nacional. Y eso no solo tiene que ver con la variedad de recursos que posee sino también con la política de promoción y coordinación que se está desarrollando, apoyada en las impresionantes cifras que cada temporada acumula el aeropuerto Sá Carneiro, una de las principales vías de entrada de visitantes para esta zona (e incluso para Galicia!).


Esposende mira al Atlántico y mantiene una gran vinculación con él
Para los gallegos, Portugal es un destino preferente pero quizá abusamos de los dos o tres lugares “más comunes” y no damos oportunidad a otras localidades menos mediáticas pero que, igualmente, tienen mucho que ofrecer. Una de ellas es Esposende, nuestra primera parada, donde fuimos recibidos por Rui Pereira, concejal (o ‘vereador’ en portugués) de Turismo que, curiosamente (o no), acudió a nuestro encuentro en bicicleta. Nos recibió en la Loja Interactiva de Turismo, que forma parte de la extensa red de oficinas de información turística que Porto e Norte ha situado en sus municipios pero también en Santiago de Compostela y en el aeropuerto portuense. Además, recientemente Porto e Norte ha inaugurado el Porto Wellcome Center que pasa por ser “a maior loja de turismo do mundo”, como ellos mismos señalan. En estas ‘lojas’, el visitante puede encontrar información no solo del ayuntamiento en el que se encuentre sino de todos y cada uno de los que componen Porto e Norte, con la posibilidad de hacerse sus propios “paquetes turísticos”.

Obligado el paseo en barco por el río Cávado
En Esposende (‘Un privilegio de la naturaleza’, reza su eslogan) nos sorprendió el Parque Natural do Litoral Norte, una zona protegida que pertenece en su totalidad a este municipio costero -situado entre Viana do Castelo y Póvoa de Varzim- que en época estival triplica sus 35.000 habitantes habituales. El Parque, que ocupa 18 kilómetros de costa, puede recorrerse a pie o en barco, con una zona más abrigada y otra más expuesta al viento del norte. Existen empresas que realizan rutas por la zona como Proriver -la que nos llevó a nosotros-. El viaje, que cuesta 10 euros y tiene dos horas de duración, permite descubrir de cerca la flora y fauna de este Parque Natural, afeado en cierto modo por la presencia de dos inmensas torres de apartamentos de los años 70 (a todos nos recordaron a Toralla, en Vigo) que no solo rompen la idílica estampa del enclave sino, en general, de todo el ‘skyline’ de Esposende, con edificios de apenas tres alturas.
Vemos la magnitud del Parque desde el Mirador
Birdwatching -o avistamiento de pájaros- y kitesurf son dos de las actividades para las que Esposende tiene unas cualidades únicas. Y es que el turismo de naturaleza y los deportes náuticos son dos de sus grandes atractivos, que hacen que sea visitado por numerosos grupos de turistas nórdicos. 

El avistamiento de aves, uno de los atractivos del Parque
También es frecuente oír hablar francés por las calles de la localidad porque cada vez son más los ciudadanos galos que se compran aquí una segunda residencia “y que pasan a ser vecinos, más que turistas”, apunta Rui Pereira. Tampoco debemos olvidarnos de la gastronomía y un buen ejemplo fue el Arroz de corvina que degustamos en el Restaurante TíoPepe, fundado por españoles y habitual del podio de concursos gastronómicos como ‘Sabores do Mar’. Sin duda, un gran colofón para la primera jornada del blogtrip que rematamos en el Hotel Suave Mar, uno de los mejores establecimientos hoteleros de Esposende.

El barrio marinero de Afurada, en actividad desde bien temprano
Con energías renovadas, al día siguiente nos dirigimos a la desembocadura del Duero (Douro para nuestros vecinos) pero no hacia Porto sino hacia la otra orilla: Vila Nova de Gaia. Concretamente, nuestra primera parada fue el barrio marinero (pescatório) de Afurada, un descubrimiento para todos nosotros. Fuimos temprano pero la comunidad era ya un hervidero de marineros reparando redes, otros saliendo al mar y vecinas haciendo uso de un lavadero público que, como nos explicaron nuestros guías, también es escenario de “performances” culturales.
Rudimentario pero efectivo tendedero público en Afurada
Muestra de que tradición y modernidad pueden convivir (y en Portugal lo hacen como en pocos lugares). En las proximidades del lavadero visitamos el Centro Interpretativo do Património da Afurada, donde se puede conocer el pasado y presente del barrio a través de una coqueta colección, dividida en tres zonas expositivas, y confeccionada a partir de fondos públicos y privados.

Los fondos del Centro Interpretativo se nutren de donaciones vecinales


Este centro divulgativo hace un repaso de la historia más reciente del barrio, la importancia de la pesca del bacalao en aguas de Terra Nova (que fue obligatoria, cual Servicio Militar, hasta la Revolución del 25 de abril), el papel de la mujer que se quedaba en tierra, los destrozos que causaron las peores ‘cheias’ o inundaciones en la zona o la devoción que siente el barrio por San Pedro, al que homenajean cada verano en una celebración muy parecida a nuestra Festividad del Carmen.

Y de uno de los barrios más singulares de la ciudad nos desplazamos a la Cais de Gaia para participar en una visita guiada a las instalaciones de Ferreira, una de las bodegas de ‘vinhos do Porto’ más conocidas mundialmente. Actualmente, Ferreira pertenece al grupo Sogrape Vinhos, del que también forman parte otras dos bodegas emplazadas en Gaia: Sandeman y Offley. Entrar en las ‘caves’ de Ferreira es sumergirse de lleno en una tradición centenaria pues las primeras referencias a esta bodega se remontan a 1751. Sin embargo, la figura clave en el desarrollo y proyección de la casa hay que situarla en la década de los años 40 del siglo XIX. Se trata de una mujer, Dona Antónia Adelaide Ferreira, quien asumió el negocio familiar y lo amplió gracias a un espíritu emprendedor nada común para la época. Un enorme cuadro de Dona Antónia preside las instalaciones. Pero, además, varios de los vinos que elabora la bodega están dedicados a ‘Ferreirinha’ -ése era su sobrenombre-, tal es la importancia de su figura.
Foto izq: Las instalaciones de Ferreira son, además de bodega, un homenaje a la tradición de los Vinhos do Porto. Foto dcha: Rematamos la visita con una cata de dos Dona Antónia
Avanzamos en nuestra visita, en un ambiente húmedo y oscuro (esto nos recuerda que las instalaciones de Ferreira en Gaia no son un museo sino una auténtica bodega), y vamos descubriendo las diferentes estancias, atravesadas por lo que otrora fue una callejuela pública pero que acabó por ser absorbida por Ferreira a medida que ésta iba creciendo. Así hasta llegar a la sala de catas, donde probamos dos Dona Antónia Reserva -un blanco y un Tawny-, el colofón ideal para esta interesante visita. Las instalaciones de Ferreira son una auténtica atracción en Gaia, no en vano en temporada alta reciben hasta 800 visitantes diarios. Existen 3 tipos de visitas: la visita básica que incluye la cata de 2 vinos (6€), la visita Premium que incluye 3 vinos de categoría superior (9€) y la visita Dona Antónia que incluye la degustación de 5 vinos de mayor calidad (16€).

Con el regusto del vino aún en nuestros paladares, embarcamos para hacer el tradicional recorrido por la desembocadura del Duero. Hacemos el Cruzeiro das Pontes do Douro, de unos 50 minutos de duración que, en este caso, compartimos con un nutrido grupo de vivarachos excursionistas procedentes de varios países latinoamericanos. El sol -y Dulce Pontes, vía hilo musical- nos acompaña en nuestro recorrido y nos ofrece bellas estampas de los puentes Luis I, Maria Pia, São João, Arrábida, O Freixo y O Infante.
No faltó el tradicional crucero por el Duero (Douro)
Y casi sin descanso nos dirigimos a otro de los descubrimientos de Vila Nova de Gaia, el Parque Biológico, primer centro permanente de Educación Ambiental del país, fundado en 1982 e imitado en todo el continente. Son, en total, 35 hectáreas de terreno visitables, con 3 kilómetros de senderos entre frondosas áreas boscosas y zonas acotadas donde viven en semi-libertad todo tipo de especies como garzas, tortugas, nutrias, gamos o incluso una pequeña familia de bisontes europeos, especie de la que solo quedan en torno a 60 ejemplares en todo el mundo, y ninguno en libertad. Además, el Parque Biológico de Gaia es un centro receptor de animales salvajes, dispone de auditorio, área de estacionamiento de caravanas, una zona de molinos restaurados donde se sigue haciendo pan y un observatorio astronómico. Pero por encima de todo ello sobresale su importante labor didáctica. De hecho, es una de las visitas obligadas de los centros educativos de todo Portugal. Pero esta reserva natural no solo recibe a escolares pues el centro es uno de los recursos turísticos más importantes de Gaia. Y baste un dato: en 2012, recibió su visitante número 2,5 millones.
El Parque Biológico, uno de los descubrimientos de Gaia
Otra instalación de la que en Gaia están especialmente orgullosos es el Centro de Alto Rendimiento, especializado en dos modalidades a priori minoritarias pero en las que Portugal está consiguiendo grandes resultados: taekwondo y tenis de mesa. El centro (que, por cierto, nos conquistó desde el punto de vista arquitectónico), dispone de zona residencial y de las mejores instalaciones para la práctica del deporte y para la recuperación de los deportistas y en él suelen hacer ‘stages’ selecciones de todo el mundo. De él presumió el vereador de Deportes y Turismo, José Guilherme Saraiva de Oliveira, que nos acompañó en un delicioso almuerzo en la Quinta da Boeira, una finca situada en pleno centro de la ciudad y en la que sobresalen el palacete y sus tres hectáreas de jardines.
La Quinta da Boeira, un reducto de paz en pleno centro urbano
Entrar en la Quinta es aislarse del resto de la ciudad y casi transportase a otra época. Allí degustamos un sabroso arroz de pulpo, entre otras viandas, y disfrutamos del café en su preciosa terraza, aprovechando el sol que nos acompañó en todo el viaje. Uno de los espacios más singulares de la Quinta, en la que también se elaboran vinos, es la ‘garrafa’ (botella, en castellano), un proyecto del reconocido gabinete de arquitectos Arq2525 que rinde homenaje a la excelencia de los vinos portugueses. La ‘garrafa’ acoge en su interior una sala de catas y de proyecciones en 3D.
La ‘garrafa’ alberga en su interior una sala de catas